domingo, 23 de junio de 2013

¿Quién soy yo?

La liturgia de este domingo nos acerca una de las preguntas claves en el seguimiento de Jesús: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» (Lc 9,20)


La respuesta constituye toda una rama de la Teología, la Cristología, que ha hecho reflexionar a millones de personas a lo largo de más de veinte siglos de cristianismo. Los Concilios Ecuménicos de los siglos IV y V (Nicea, Éfeso, Calcedonia...) fijaron la doctrina de la Iglesia. Pero más allá de esa respuesta del credo oficial, está la respuesta personal.

¿Quién digo yo que fue Jesús de Nazaret?

Estamos en el Año de la Fe y desde esa fe, sigo buscando mi respuesta personal a través de los textos sagrados, a través de la vivencia mística, a través de las realidades terrenas, a través de la oración. Busco la identidad del Cristo de las Bienaventuranzas, del Cristo del Amor, del Cristo de la Paz, del Cristo de la Misericordia, del Cristo del Perdón, del Cristo de la Libertad, del Cristo del Calvario. Busco la identidad del único profeta que fue capaz de decir  «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre».  (Jn 14,9)

Imagen: Simón Ushakov (1626-1686)

domingo, 19 de mayo de 2013

Pentecostés

Secuencia al Espíritu Santo

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.


Vídeo: Grupo "Tierra de Bendición".  (Youtube-PJVdehonianos)

sábado, 13 de abril de 2013

Zapatos usados





Me cuentan que hubo un obispo en Tanzania llamado Christopher Mwoleka (1927-2002), a quien se podía ver a la caída de la tarde regresar del trabajo, junto al resto de campesinos con la azada al hombro y los pies descalzos. Y es que cuando fue nombrado obispo de Rulenge decidió repartir su tiempo de modo que dedicaba quince días al mes a actividades pastorales y los otros quince, en su modesta vivienda de Nyabihanga, campesino entre campesinos, para acercarse al Cristo del Evangelio.

Guiado por su lema “Ili wawe na san” que en swahili significa “Que todos sean uno” (Jn. 17,21), promovió las pequeñas comunidades cristianas, muchas de las cuales ponían en común todos sus recursos materiales y espirituales, a ejemplo de los primeros cristianos. Mwoleka, que renunció a su ministerio en 1996 por problemas de salud, falleció en 2002, pero dejó una imborrable huella entre sus gentes.

Y me vino a la cabeza el obispo Mwoleka, al saber que el Papa Francisco, calzado con sus viejos zapatos usados de patearse Buenos Aires, recomienda "salir de nosotros mismos para ir a la periferia al encuentro de los más alejados, de los olvidados, de quienes necesitan comprensión, consuelo y ayuda". Ese es el buen camino. Pongámonos nuestros zapatos usados.

sábado, 6 de abril de 2013

¿Por quién voltean las campañas?


(.........) El volteo de las campañas se oye desde los cuatro puntos cardinales de la ciudad y de cada pueblo, pero ¿hacemos caso a su tañer glorioso? ¿Es posible escuchar los aleluya pascuales en este país crucificado por la crisis, en este patio de monipodio, de sainete esperpéntico, de ceremonia de la corrupción salpicando personajes e instituciones, mostrando salvajemente el rostro pesetero de total falta de ética?
(.........)
Esos aleluya que se oyen como música silenciosa entre el clamor herido de millones de hombres y mujeres, de ancianos y de niños, de oprimidos y marginados que nos empujan a mirar el Evangelio y su inesquivable apuesta por los pobres. Percibir el aleteo débil, casi imperceptible de todos los resucitados con Cristo: los pacíficos, los justos, los pobres, los hambrientos y sedientos de justicia, los misericordiosos.
(.........)
Es Pascua. Por eso voltean las campanas. Aquel joven tostado por el sol, acompañado de multitudes, de nombre Jesús, vuelve a romper la piedra del sepulcro y a levantar en vilo la dignidad humana. Jesús vive. Y vivirá para siempre donde quiera que los seres humanos se amen, se comprendan, compartan y se ayuden. Y en el frescor del agua, la música del aire, la mirada de un niño, la rebeldía de los oprimidos, la lucha por la justicia. Por eso repican las campanas, por Jesús, ese muchacho, eternamente joven que sigue vivo entre nosotros: ¡Aleluya!

Autor: Juan Fernández Marín
Fuente: La Opinión de Murcia. 31/03/2013

sábado, 9 de marzo de 2013

Ante el Cónclave


La renuncia de Benedicto XVI y la consiguiente convocatoria de Cónclave, reabre el debate, siempre vivo, de los problemas de la Iglesia actual. Probablemente en estas líneas no aporte nada nuevo a este tema, pues personas mucho más doctas que yo han reflexionado en profundidad sobre ello, pero se trata solo de exponer mi particular visión.
Y es que la difícil situación actual de la fe, exige determinación el la búsqueda de soluciones, siempre con el Evangelio como guía. En este sentido la Iglesia necesita regenerarse a si misma y poner los pies en el suelo para acercarse a la sociedad.
A mi modo de ver, curiosamente la Iglesia debe avanzar y profundizar en lo que son sus propias líneas definitorias. Veamos:
CATOLICIDAD.  Si entendemos el término “católico” como sinónimo de universal, sería un grave error conceptual aplicarle un significado puramente geográfico y no humano. La Iglesia ha de ser católica porque Cristo vino a redimir al género humano en su totalidad, sin distinciones geográficas, étnicas  o raciales, Sin diferenciaciones entre hombre y mujer, entre clérigos y seglares, entre los que están dentro de la Iglesia y los que están fuera, entre creyentes y no creyentes, entre los de una ideología y los de otra, entre gobernantes y gobernados, entre ricos y pobres, entre.....
En este sentido la Iglesia está en la necesidad de acercarse e integrar en la comunión eclesial a colectivos que hoy por hoy, se siente marginados por la propia Iglesia. Hablo, entre otros, de homosexuales, de divorciados y familias reconstituidas, de curas casados, de comunidades indígenas, de ......
ECUMENISMO. A pesar de que la propia Iglesia levanta el ecumenismo como bandera, lo cierto es que tanto en la Iglesia, como en otras confesiones cristianas hay un exceso de autosuficiencia que les impide un acercamiento real. Hemos de abrir nuestro restringido concepto de hermanos. Recordemos el pasaje evangélico cuando alguien se acerca a Cristo para decirle que su madre y su familia querían hablar con él.  La respuesta fue de gran alcance: respondió con una pregunta: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos y hermanas?"  Y responde a su propia pregunta diciendo: "Los que escuchan y cumplen la palabra de Dios, son para mí, madre y hermano y hermana"  (Mc, 3, 32-35) y (Mt. 12, 46-50)
LA OPCIÓN DE LOS POBRES. La Iglesia no puede seguir apoyando “de facto” sistemas económicos injustos. Se sabe que, en la actualidad, se produce un 10 por ciento más de los alimentos que necesitamos para vivir toda la humanidad y , sin embargo, mueren de hambre 35,000 niños cada día. Es cierto que son cristianos quienes en los rincones más olvidados del mundo se dejan el alma por superar estas situaciones, pero la Iglesia como institución debe tomar partido de forma radical.
Además la Iglesia debe intensificar al máximo su actuación social en problemas tan graves y mundanos como los refugiados, los emigrantes, el narcotráfico, la trata de mujeres y niñas, la explotación laboral, las víctimas de la violencia, ........
IGUALDAD EN DIGNIDAD. A pesar de los numerosos documentos eclesiales que proclaman la igualdad entre la mujer y el hombre, la realidad eclesial va por otro camino. ¿Cuántas mujeres intervendrán en este próximo Cónclave?
CLERO. La sociedad actual percibe el mundo clerical como anclado en el medievo. Mirándose en sus propios espejos y olvidándose de pisar la calle, que en definitiva fue lo que hizo Cristo. Esto es causa del alejamiento de grandes sectores de la población. Los jóvenes, por ejemplo, aunque mayoritariamente se declaran creyentes, viven totalmente al margen de la Iglesia y lo que es mucho peor, carecen de guía espiritual, y por tanto de un sentido de religiosidad. Los seminarios están semivacíos y conseguir hacer llegar a la juventud la llamada de la vocación requiere algo más que oraciones. Y temas como el celibato opcional deberán tenerse en cuenta.
CURIA. La imagen que emana del Vaticano, con una curia enredada en cuestiones mundanas, una administración opaca en la que no faltan escándalos, un boato excesivo e incluso ridículo y un enorme patrimonio, no es precisamente la imagen que Cristo exige a sus seguidores. La Iglesia del siglo XXI necesita una reforma en profundidad de la Curia. 
LITURGIA. Es necesario recuperar una liturgia que sea “fuente de agua viva, que brota para la vida eterna” (Jn. 4,14). Más allá de rosarios de la aurora o novenas patronales, la liturgia ha de hacer llegar a las almas el “Espíritu de Dios” hasta llenarlas de su amor y su alegría. Cuando esto ocurra las iglesias volverán a llenarse
Podría hacer este pequeño artículo interminable. Concluyo diciendo que hemos de mirarnos en el cristianismo primitivo. Aquel del siglo II en que la santidad sencilla, el amor infalible y la abnegación incansable le permitieron prosperar y crecer en un mundo hostil.
En cualquier caso a los cristianos de hoy solo nos cabe rezar, para que el Espíritu Santo se haga realmente presente en el Cónclave. Amén

sábado, 22 de diciembre de 2012

¿Qué debemos hacer?



Hace muchos años, que comprendí que era necesario pasar de aquella religión del “NO” (no robarás, no matarás, no adulterarás, no....) a una religión del “Si”. ¡Si!, te preocuparás por el prójimo, por los desvalidos, por los niños, por los disminuidos físicos o mentales, por las víctimas de violencia, por..... ¡Sí!, estarás a favor de la justicia, de la paz, de los derechos humanos, de .... ¡Si!, trabajarás por el desarrollo sostenible, por la biodiversidad y el medio ambiente, por la erradicación del hambre y la extrema pobreza, por... ¡Si!, irradiarás alegría para transmitir un poco de felicidad al mundo que te rodea.

En este sentido la liturgia de este tiempo de Adviento, nos acercaba el pasado domingo, un texto del evangelista Lucas. En él, Juan el Bautista se expresaba con la claridad que le caracterizaba Todo árbol que no produzca buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Las gentes le preguntaban, ¿Entonces qué debemos hacer?” (Lc. 3, 9-10)” (Así, en positivo). Las respuestas que el Bautista iba dando, tenían el denominador común de la justicia, el socorro, el desprendimiento, la búsqueda del bien común.

Precisamente ayer, leía un mensaje de Navidad de las monjas benedictinas de Palacios de Benaver, que titulaban “Solo el amor solidario nos salvará” y en el que ante la actual situación de injusticia y sufrimiento, denunciaban que La lucha por la vida y el ambiente materialista y consumista, el individualismo imperante nos han endurecido el corazón, nos han hecho insensibles al sufrimiento ajeno”, preguntándose “¿A qué viene celebrar el nacimiento de Jesús intercambiando deseos de paz, de alegría y fraternidad si el mundo seguirá tan mal como siempre?”, para concluir “Cambiará si todos nos comprometemos en una lucha solidaria; si somos capaces de apagar nuestros egoísmos, nuestras ambiciones, nuestra pasividad ante los abusos e injusticias; si llegamos a hacer  del amor el centro de nuestra vida y  el motor de nuestros impulsos; si nos atrevemos a creer que todo hombre y toda mujer es nuestro hermano/a. Sólo el amor puede hacer que cambien muchas cosas, y el mundo entero está necesitado de amor, sediento de amor. El amor  es el único remedio para cambiar los males que nos aquejan y de los que todos somos, de alguna manera, culpables. Sólo el amor nos puede llevar a la solidaridad”.

Si esta Navidad, sirve para que avancemos en este sentido de convertir el amor, en acción positiva y solidaria, habrá merecido la pena celebrarla. De lo contrario, recordemos las palabras del Bautista.

¡Que el AMOR, llene vuestra Navidad de felicidad!

jueves, 1 de noviembre de 2012

ANNUS FIDEI

ANNUS FIDEI

“Creo en un solo Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo”

Cuando se han cumplido 50 años de la apertura del Concilio Vaticano II, la Iglesia proclama “El año de la fe”. Sin duda una espléndida ocasión para profundizar en el sentido auténtico de la fe. Para depurarla de doctrinas extrañas y ajustarla al Evangelio, para hacer de ella una fe viva.

Vivimos tiempos de falta de fe, de apostasía, de confusión ideológica, de decepción, de “yo creo, pero....”. En nuestro entorno se acrecienta la sordera ante la Palabra de Dios. El hombre de hoy se aísla en un cosmos propio, donde impera el desconocimiento de los más elementales fundamentos religiosos.

Con toda probabilidad, quienes sienten este desapego, fundamentaron sus creencias sobre falsos pilares. La fe no se sustenta sobre el ser humano, porque entonces podemos sufrir un duro desengaño. La fe es independiente de que “mi” párroco sea un buen o mal cristiano, de que “mi” obispo mantenga o no, una pastoral acorde con el evangelio y abierta a todos los colectivos, de que el Papa me parezca a mi, más o menos apropiado.

Creemos en Dios, por medio de Cristo, quien no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, quien “inició y completa nuestra fe” (12,2). Por ello hemos de fijarnos en Él. Hemos de recuperar la alegría de esa fe que nos impulsa a “sanar los corazones heridos, proclamar la liberación a los cautivos y libertar a los prisioneros” (Isaías 61, 1-2).

No se trata de creer en algo que no vemos sino creer en alguien que nos ha hablado. La fe reclama una respuesta personal hacia Dios y conlleva un compromiso con los principios del Evangelio. Por tanto individualmente habremos de perseverar en el conocimiento de la Palabra de Dios para conseguir, tal como señalaba el Vaticano II, “una sólida preparación doctrinal, teológica, moral, filosófica, según la diversidad de edad, condición y talento” (Apostolicam actuositatem, 29). Solo de esta manera podremos dar testimonio de nuestra fe. Recordemos aquellas palabras de Cristo: "Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo" (Mt 5,16).

Y no olvidemos la oración. Pidamos fe a Dios, como lo hizo aquel padre que procuraba un favor para su hijo: “Creo, pero ayuda mi falta de fe” (Mc 9, 24).