domingo, 26 de enero de 2014

De fuego y brasas


Un párroco se enteró un día de que uno de sus feligreses había decidido no asistir más a la iglesia. La razón de este rebelde era que podía comunicarse con Dios en la naturaleza como si estuviera en la iglesia.
Una noche el párroco decidió hacerle una visita.
Sentados junto al fuego, los dos hombres hablaron de mil asuntos pero no hablaron de la asistencia a misa.
Al cabo de un rato el párroco cogió las tenazas y sacó una sola brasa del fuego. Y colocó la brillante brasa sobre el suelo.
Los dos veían la brasa apagarse poco a poco y convertirse en cenizas, mientras las otras ardían y brillaban y sus llamas bailaban alegres.
El párroco permanecía en silencio.
Al cabo de un rato, el feligrés dijo: el próximo domingo estaré en la iglesia.


(de Antena Misionera)

domingo, 5 de enero de 2014

Noche de Reyes

Mis recuerdos, ya lejanos, me trasladan a una noche de enorme ilusión, de respiración contenida, de susurros lejanos, de sonidos de pisadas, de rechinar de puertas, de .......
Antes del alba los niños teníamos los ojos abiertos. "¿Mamá, ya llegaron los Reyes?". La respuesta era autoritaria: "¡Seguid durmiendo!". Pero cuando el primer haz de leve luz se hacía presente a través de la ventana, sabíamos que había llegado la hora. Nuestros padres eran obligados a levantarse para iniciar una ritual marcha por el pasillo hacia el salón, cargada de emoción y nerviosismo. Padre, muy lentamente, giraba la manilla de la puerta y abriendo una pequeña rendija miraba hacia el interior. Los niños teníamos el corazón a mil. Cerraba la puerta con rapidez y nos miraba con gesto admirado......¡¡¡Siiii!!!..... Y la explosión de alegría es fácil de imaginar........

Curiosamente cada año aparecen pretendidos historiadores confundiendo la inocencia infantil con sus hipótesis. Que si no eran tres, que si no eran reyes, que si no venían de Oriente, que si no se llamaban......
Y aunque es cierto que la información de los textos sagrados es vaga y poco concluyente, la tradición cifra en tres los reyes porque tres fueron los regalos ofrecidos a Jesús: oro incienso y mirra (San Mateo 2,11). Asimismo el salmo 71 habla de los reyes de Tarsis, Arabia y Saba... ¡tres!.
Pero más allá de historias y tradiciones, el otro día preguntaba a un pequeño de seis años, ¿Sabes quienes eran los Reyes Magos?. La respuesta fue concluyente: "¡Pues claro!, Melchor, Gaspar y Baltasar". Y no admitió réplicas. ¿Cabe prueba más concluyente?....¡vaya pregunta más tonta!

¡FELIZ NOCHE DE REYES!

sábado, 23 de noviembre de 2013

Noviembre escatológico

Con el mes de Noviembre termina el año litúrgico, antes de la llegada del Adviento. Quizá por eso se puede comprobar que la liturgia de Noviembre tiene un marcado sentido escatológico. Se inicia con las celebraciones de Todos los Santos y Día de los Difuntos, que aunque con connotaciones claramente diferenciadas, están asociadas por la piedad popular y el calendario. 

De esta manera se recuerda que no todo termina en el cementerio, sino que estamos llamados con Cristo a la resurrección: "Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi, aunque haya muerto, vivirá" (Jn,11,25).

Esta es nuestra esperanza, que convierte a la vida en camino, y relativiza el presente. Pero certeza escatológica no significa un acomodamiento, muy al contrario es una exigencia al despertar de las conciencias. Significa poner nuestros talentos al servicio del Amor. "Quien no trabaja, que no coma" (2 Tes. 3,10). Significa un esfuerzo para acercar el reino de Dios, un esfuerzo también para nuestra propia purificación: "Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas" (Malaquías, 3,19-20)

Sin duda que la liturgia de Noviembre es una llamada a la fe en la Resurrección. Algo que recitamos maquinalmente con el Credo, pero que en muchos casos no terminamos de ver. Cuando termina el "Año de la fe", bueno será que reflexionemos acerca de esta verdad fundamental de nuestro credo. 

sábado, 12 de octubre de 2013

¿Fin del invierno eclesial?

Quienes hemos vivido durante los dos últimos pontificados un duro “invierno eclesial”, en expresión de Karl Rahner, nos preguntamos si con el Papa Francisco va a comenzar una nueva época en la Iglesia.
Desde el comienzo de su pontificado, el nuevo obispo de Roma, Francisco, ha ido dando signos de cambio, desde gestos simbólicos  hasta formulaciones muy gráficas: Iglesia pobre y de los pobres, oler a oveja, salir a la calle, ir a las fronteras existenciales… Sus palabras en Lampedusa sobre nuestra  insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, en Río exhortando a los jóvenes a ser valientes y críticos, sus entrevistas al jesuita P. Antonio Spadaro de la Civilttà Cottolica y al periodista del diario La República de Roma, Scalfari,  han abierto nuevos horizontes eclesiales y diseñan un nuevo programa pastoral.
El Papa Bergloglio se confiesa pecador, llamado misericordiosamente por Dios para una misión eclesial, reconoce que en su época de superior dela Compañía de Jesús en Argentina fue autoritario  y brusco, aunque nunca de derechas. Se proclama creyente, no en un Dios católico sino en Jesucristo y el Padre creador. Confiesa que en algún momento de su vida ha sido tocado por la gracia, dedica tiempo largo a la oración, adora la mística, pues sin mística la religión se convierte en filosofía. Sus santos preferidos son Pablo, Benito, Agustín, Ignacio y sobre todo Francisco, profeta, poeta, místico, amante de los pobres y de la naturaleza.
Según él, la Iglesia que es Pueblo de Dios y comunidad, debe ser hoy ante todo como un hospital de campaña, dispuesta a sanar y curar emergencias. Le preocupa enormemente el paro juvenil y el abandono de los ancianos. La Iglesia no debe centrarse obsesivamente en temas morales como aborto, anticonceptivos y  matrimonio homosexual, sino que ante todo ha de anunciar la buena nueva de la salvación en Jesucristo, seguir el impulso irreversible del Vaticano II, sin caer en una ideología restauracionista; una Iglesia dialogante con la cultura moderna, con las demás Iglesias y religiones, fraterna y sinodal, que camine unida en medio de las diferencias, que no juzgue a las personas a las que Dios respeta tal como son; una Iglesia no proselitista, sino levadura y signo de amor a los demás.
No teme una Iglesia que sea minoritaria, con tal que sea semilla y fuerza evangélica. Desea una Iglesia descentralizada, en discernimiento, que escuche al pueblo y sobre todo a los pobres. Que ayude a que cada uno busque el Bien en su conciencia y combata el Mal, se deje iluminar por la luz trascendente que brilla en cada uno de nosotros.
Los ministros dela Iglesia que sean pastores, no clérigos de despacho, ni de laboratorio, que no caigan en el temporalismo, ni en el clericalismo que no es cristiano, abran caminos nuevos, no hagan de la confesión una tortura sino un instrumento de misericordia, sean acogedores de los que están en situaciones irregulares, que no sean narcisistas. Francisco critica a los narcisistas que se sienten halagados por los cortesanos: la corte es la lepra del papado; la curia vaticana es vaticano-céntrica y tiende a trasladar esta visión al mundo.
Se respira ahora  en la Iglesia un aire nuevo,con olor a evangelio. Hay brotes de una primavera eclesial como en tiempos del buen Papa Juan.  Hay pautas válidas también para la sociedad. Ojalá que estos frutos primerizos no se malogren

Autor: Víctor Codina.


Fuente:
http://blog.cristianismeijusticia.net/?p=9960&lang=es


sábado, 31 de agosto de 2013

Sed de Dios

"Como busca la cierva corrientes de agua, 
así, Dios mio, te busca todo mi ser.
Tengo sed de Dios, del Dios vivo,
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?"
(Salmo 42, 1-3)


Durante la etapa soviética, la Catedral de San Isaac de San Petersburgo, fue convertida en "Museo del Ateísmo". Una frase presidía la entrada al museo: "El hombre hizo a Dios, luego Dios no existe".

Cegados por su propio pensamiento, negaban una realidad secular: la historia del hombre es, en buena medida, la historia de la búsqueda de Dios, que parte de la propia experiencia de Dios en el interior del alma de cada hombre. A partir de esa experiencia la vida del hombre es pura sed de Dios, a quien buscamos en la naturaleza, en los seres vivos, en el rostro de cada ser humano. Lo buscamos en los silencios, en las cosas sencillas, en el amor humano. Sin embargo hay quien buscando a Dios no logra encontrarlo. Quizá porque se olvide del primer lugar donde Dios se manifiesta: nuestro propio interior.

Como escribía San Agustín en sus "Confesiones":"Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti y siento, hambre y sed, me tocaste, y abráseme en tu paz".

sábado, 13 de julio de 2013

Lampedusa: Removiendo conciencias

El Papa Francisco ha visitado Lampedusa, la isla italiana donde llegan a miles los inmigrantes africanos. Y lo ha hecho removiendo conciencias. Veamos un fragmento de sus palabras:

"(.....)También hoy esta pregunta surge con fuerza: ¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas? ¡Nadie! Todos nosotros respondemos así: no soy yo, yo no tengo nada que ver, serán otros, ciertamente no yo. Pero Dios pregunta a cada uno de nosotros: “¿Dónde está la sangre de tu hermano que grita hasta mí?”
Hoy nadie se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, del que habla Jesús en la parábola del Buen Samaritano: miramos al hermano medio muerto en el borde del camino, quizá pensamos “pobrecito”, y continuamos por nuestro camino, no es tarea nuestra; y con esto nos tranquilizamos y nos sentimos bien. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos vuelve insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bellas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisorio, que lleva a la indiferencia hacia los demás, es más lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos habituado al sufrimiento del otro, no nos concierne, no nos interesa, no es un asunto nuestro! (.....)"


Fuente: http://www.news.va/es

domingo, 23 de junio de 2013

¿Quién soy yo?

La liturgia de este domingo nos acerca una de las preguntas claves en el seguimiento de Jesús: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» (Lc 9,20)


La respuesta constituye toda una rama de la Teología, la Cristología, que ha hecho reflexionar a millones de personas a lo largo de más de veinte siglos de cristianismo. Los Concilios Ecuménicos de los siglos IV y V (Nicea, Éfeso, Calcedonia...) fijaron la doctrina de la Iglesia. Pero más allá de esa respuesta del credo oficial, está la respuesta personal.

¿Quién digo yo que fue Jesús de Nazaret?

Estamos en el Año de la Fe y desde esa fe, sigo buscando mi respuesta personal a través de los textos sagrados, a través de la vivencia mística, a través de las realidades terrenas, a través de la oración. Busco la identidad del Cristo de las Bienaventuranzas, del Cristo del Amor, del Cristo de la Paz, del Cristo de la Misericordia, del Cristo del Perdón, del Cristo de la Libertad, del Cristo del Calvario. Busco la identidad del único profeta que fue capaz de decir  «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre».  (Jn 14,9)

Imagen: Simón Ushakov (1626-1686)